Hace no mucho he descubierto las alegrías que reportan una preparación un tanto ineficiente. Me siento lleno cuando pierdo el tiempo así que en el fondo esto tiene para mí todo el sentido del mundo. Me siento frente al escritorio, pongo algo de música de fondo y al lío. Es el tiempo que paso conmigo mismo, a mi aire, lo que me resulta tan satisfactorio. Ese momento en el que dibujo un círculo de protección a mi alrededor contra la magia negra de nuestro día a día. A veces da algo de pereza sentarte a preparar una partida, a veces te apetecería hacer otra cosa y no pasa nada, haz otra cosa, pero cuando tienes esa motivación de sentarte a jugar con tus amigos está bien tener un poco de disciplina bien entendida. A veces me saturo con listas de tareas, tengo que hacer esto, tengo que hacer lo otro y me apresuro. O me abruma la densidad de lo que estoy preparando. Cuando me siento a preparar una aventura lo hago con calma, como si empezase de nuevo, a ver, dónde lo habíamos dejado. Re...