¿Cuando ha sido la última vez que has tomado ese libro de la estantería y le has echado un vistazo? ¿Porqué habría de hacerlo? Eso me robaría tiempo para ponerme al día con las novedades que ofrece el panorama editorial. Pero como no es el caso puedo darme el capricho y disfrutar de esas lecturas que me han acompañado durante todos estos años.
Me gusta releer mis juegos de rol. Sin ninguna intención aparente, por el mero disfrute de sostener ese libro entre mis manos, pasar sus páginas, leer este o aquel párrafo. No estoy repasando un reglamento, tampoco busco inspiración para una nueva aventura. Podría escribir sobre la experiencia de quedarme pasmado frente a la estantería pero quizás fuese un poco demasiado. Eso sí, es una buena manera de practicar la meditación, una buena disculpa para justificar una conducta tan poco apropiada.
Porque el sistema ha decidido por nosotros lo que es productivo y lo que no y repasando esa lista exhaustiva de lo que es correcto y lo que no he terminado por darme cuenta de que estoy en el lado improductivo de las cosas. Y lo improductivo no es más que una cuestión de perspectiva. Así que siento que he tenido éxito dónde otros ven un fracaso y me realizo en plenitud allí dónde otros se llevan las manos a la cabeza por ese tiempo precioso desaprovechado. Releo… e invito a releer a mi alma. Releo y me tumbo a mi antojo sobre la tierra para ver cecer la hierba del estío. Como podría haber dicho uno que yo me sé.
Me gusta especialmente releer aquellos libros que me hacen recordar otros tiempos y otros lugares, en ocasiones te devuelven un trocito de lo que has sido o has sentido en un momento de tu vida. Como un conjuro inscrito en un pergamino. La Guerra de las Galaxias me lleva al inicio de las vacaciones de verano de 1994, a mis comienzos en la afición, sabe a entusiasmo, sabe a la mesa de la cocina y los manuales básicos de Advanced Dungeons & Dragons 2ª edición me transportan a ese momento revelador en el que el gran misterio de este juego se desplegaba ante mí.
Le encuentro el sentido a fragmentos que en una primera lectura no había llegado a comprender. No había informes PISA por aquel entonces. En otras ocasiones el texto responde a la sensibilidad de otro tiempo y arrugo la nariz. Es toda una experiencia por ejemplo, releer las viejas revistas Dragon, son como una instantánea de nuestra comunidad durante aquellos días. Mi percepción es que éramos mucho más comunidad con muchos menos recursos y posibilidades. Los chistes y las bromas internas eran terribles y a más de un chaval le diría aquello de “No sabes nada, Jon Nieve”.
Hay algo mágico en recorrer de nuevo esos párrafos, en pararse en sus palabras. A veces tengo la cabeza llena de reglas, de cosas a tener en cuenta y pierdo el interés. Mi mente se niega a tragar más de esa mierda. Es cuando hago ese ejercicio de leer sin intención cuando vuelvo a disfrutar con mis libros. Olvídate de todo. Como anécdota, este consejo lo leí por primera vez en el manual de la segunda edición de Ragnarok.
Es curioso porque tengo muy mala memoria para estas cosas. Soy muy torpe a la hora de contar a otra persona de que va un libro. Me olvido de todo. Y probablemente esto juegue a mi favor.
No nos equivoquemos, no es simplemente nostalgia. Me pasa con lecturas más recientes que se incorporan a esta mi biblioteca del alma. En ocasiones, cuando vienen dadas, estos libros se pueden llegar a sentir como un refugio. Recuerdo que en un momento especialmente malo encontré cierta paz mental en comparar las diferencias entre las distintas ediciones de Dungeons & Dragons. Mis planazos.
Estas lecturas no responden a modas pasajeras, establecen una relación íntima entre el texto y el lector. Un vínculo, un hilo de plata. No es una buena señal que el cuerpo no me pida releer un juego. En otras ocasiones simplemente quiere decir que mi relación con ese juego en particular se ha terminado.
Y esto nos lleva a todo ese rol que hemos leído pero no hemos llegado a jugar. Ese rol que hemos soñado, esa otra forma de jugar al rol en solitario. Y ese otro rol que nos prometemos jugar en algún momento. Al final lo que nos queda no es otra cosa que ese camino recorrido, esas lecturas, esas partidas preciosas. Experimentamos los juegos de rol de maneras muy diferentes.
Así que dime ¿Tu colección de juegos de rol presenta síntomas de necrosis?
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