Hace unos años nos cambiamos de ciudad. Viajé unos días antes que el resto de la familia y en la mochila llevaba los tres manuales básicos de la quinta edición de Dungeons & Dragons y el segundo tomo de las aventuras de Fafhrd y el Ratonero Gris. Unos meses más tarde pasamos el confinamiento en Vigo. En esta ocasión metí en mi mochila la Nintendo Switch, un bloc de dibujo, unas acuarelas y los manuales de D&D. Toda una declaración de intenciones. Seguro que muchos recordamos cuando nos tocaba dirigir nuestras partidas en la casa de algún amigo y cargamos con nuestras mochilas sin que ninguno de nuestros queridos Sam se ofreciesen a soportar esa pesada carga aunque solo fuese durante un breve instante. Hoy en día nos quejamos con frecuencia de la falta de espacio en nuestras viviendas para atesorar nuestras colecciones de juegos de rol. Es un peso que tiene, además de su dimensión física, una cualidad inmaterial. Seguro que habéis escuchado en alguna ocasión lo de tengo más...